Que extraña sensación recibir ese papel. Esa hoja escrita a mano, o a maquina, con tinta, o con lápiz. Puede dibujarnos una sonrisa en el rostro, o el peor de los llantos. Tantos sentimientos vienen a nosotros con un simple pedazo de papel. En algunos nos escriben bienvenidas, en otros nos cuentan cosas, y en otros, hay tristes despedidas. Pero sin dudas, marcan nuestras vidas. Son esos documentos que hacen que NUNCA te olvides de quien lo escribió. Para bien o para mal, esa persona, siempre va a formar parte de tu historia. Con sus palabras, ocupó ese lugar del que nadie lo va a poder sacar. Son como las fotos, las vemos y por nuestras mentes pasan un millón de recuerdos, ¿te acordas?.
Aunque intentemos borrarlos, siempre están ahí. Como ellas.
viernes, 12 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
Una canción.
Es increíble, uno llega a un lugar donde hay más de quinientas personas, elige un lugar y mira, mira a cada persona y la analiza, se ríe de sus conversaciones, juzga. Después, salen esos otros que tanto los de conversaciones graciosas, como nosotros, estábamos esperando. Cuando ellos aparecen todo cambia, solo se mira para adelante y se disfruta, se crítica también, pero se disfruta al máximo. Esas personas allá adelante nos transmiten sensaciones únicas, a cada uno de los que estamos atrás, de los que esperamos que salgan a hablarnos. Nos dicen cosas que bien sabemos, pero nos llega de una manera en la que todo suena mejor.
La selección ganó.
El sábado salí corriendo. Tenía que llegar cuarenta y cinco minutos antes de los que llegué. Tomé el 60 a Belgrano, pensé en tomarme el subte para ahorrar tiempo, pero lo que menos hizo, fue ahorrarme tiempo. Cuando entre convencida de que no iba a haber nadie en ventanilla, que sacaría mi boleto rapidísimo y en quince minutos habría llegado a destino; mi cara cambio totalmente. Las ventanillas estaban llenas. Gente con camisetas, bufandas, gorros, banderas de Argentina. Ahí me dí cuenta que lo más lógico era que el tiempo que yo tardara de mi casa a Belgrano, era el tiempo que iba a tardar la gente que estaba viendo hace unos minutos en la televisión, en salir y llegar a tomar el subte. Claro que no lo pensé hasta que lo vi. Pero ya no tenía opción, tuve que quedarme y esperar. Mientras lo hacía, observe todas sus caras, se supone que cuando uno va a la cancha a ver a la selección que representa a su país, al país que ama, esta feliz, siente placer. Sus caras no demostraban otra cosa que agobio, agobio por haber pasado toda una tarde alentando a su equipo. Parecía que ya no les importaba lo que había pasado, la selección ganó, pero ellos parecían no haberse enterado. Me pregunte por qué todos ellos habían ido si en verdad no les importaba. ¿Habían ido solo para hacerme llegar tarde?
Pasó más de media hora, llegué tarde, pero justo a tiempo.
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